Mario, Gracias por tanto fuego, ahora las despedidas son más dulces.

No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvilal borde del camino
y te salvas
entoncesno te quedes conmigo.

Mario Benedetti 1920-2008

Un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revolver, amor que le de los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raiz desde donde se podría empezar a tejer una lengua...

Julio Cortazar, Rayuela, Argentina.


Vuelve, siempre retorna de tus viajes espirituales, porque extrañaría tanto saber de tus historias y odiaría solo escucharte entre el viento.

Vuelve en cuanto puedas y cuando te plazca pero regresa a tu cuerpo que tibio te espera. Porque aunque pudiera encontrarte en el canto de los colibríes, en alguna mancha lunar o en un susurro, no sería lo mismo. Extrañaría tu fuerte aletear a milésimas de segundo, la luz del faro lunar me cegaría y no habría más cantos en tono de sol.

Vuelve cuando puedas, que no hay prisa por llegar porque siempre habrá un sitio donde podrás descansar. Regresa a darle luz a tus ojos, calor a tus manos, regresa a tu cuerpo delgado y lleno de escamas, regresa siempre que salgas, y cuando te vayas deja siempre la puerta abierta que unos ojos de gato te esperan.




Salimos de Puebla tarde, sin embargo, teníamos tiempo hasta para equivocarnos y buscar los señalamientos inexistentes. En el camino la conversación se atizaba con el aumento de la flecha del tacómetro donde los temas giraban, subían y bajaban como en una rueda de la fortuna, más la noticia que retumbaba en la cabeza de ambos era el cierre de escuelas en el Distrito Federal a causa de la influenza porcina, la charla continuó y con redobles comenzábamos a festejar la brisa, el sol y la arena.

El sol caía y decididos a perder de vista playa ventura, caímos en la delicia de los atardeceres de Pie de la Cuesta, que sobrevivía a la voracidad comercial acapulqueña, esa playa seguía siendo el sitio que de niña visitaba con mis padres, el lugar donde mi hermano conoció el respeto al mar.

Los días transcurrieron con la calma que habitan los cangrejos, con el silencio que deja el mar abierto, puestas de sol –cada una diferente, con un sol en su majestuosa despedida, perdiéndose entre la bruma y el infinito horizonte marino. Las palmeras jugando a desviar el viento y los insectos entregándose por completo al destello fulminante de los reflectores que vigilan la playa.

Era el momento de empacar, retirarse con un color diferente al citadino, con el corazón cantando. Al entregar las llaves de la habitación el recepcionista pregunta con humor, si procedíamos del D.F, porque las cosas estaban duras allá por la fiebre porcina, bromeando se despide diciéndonos “pero que se le va a hacer, sino seguir disfrutando” reímos juntos y emprendimos la retirada.

Entre más nos acercábamos al puerto de Acapulco, más noticias se rebelaban por los encabezados de los diarios en los puestos de revistas, cifras de muertos, estadios vacíos, la ciudad desolada, que tomaba por sorpresa un sismo aumentando el pánico, sembrando el miedo con la consigna de evitar multitudes y permanecer en casa.

Salía abruptamente de una burbuja de armonía y mis dudas crecían metro a metro acumulándose con los kilómetros, el camino se hacía silencioso, el tacómetro dejó de funcionar. La mudez total se apoderó de nosotros cuando al pasar por la primera caseta de cobro y las subsecuentes, los cajeros, policías, militares y vendedores, portaban cubrebocas y guantes de látex, era imposible no mirarlo, pero ellos nos miraban de reojo, las placas del automóvil pertenecientes al Distrito Federal, nos comenzaban a segregar.

Deducciones, conclusiones, cancelaciones y propuestas cayeron como cascadas y fueron inundando poco a poco el ambiente, la incertidumbre de no saber lo que realmente sucedía, nos obligó a tomar el dinero con trozos de papel higiénico, y sentir la necesidad de lavarnos las manos, la torpeza de esta acción hizo caer en cuenta de la paranoia sembrada tal vez por un grupo, de caer en una trampa.

Al llegar, solo nos sostenían los ánimos de matar las suposiciones. Revisamos en línea, The Independent, La Jornada, Le figaro, entre otros periódicos y en todos se aducía a un problema grave, provocado por la mutación de un virus compuesto de dos cepas porcinas, una de ave y una de humano, el brote detectado en la Gloria, población de Perote Veracruz donde Granjas Carroll con sede en Virginia Estados Unidos, manejaba sus criaderos de puerco, con escasas medidas ambientales. Se hablaba de países contaminados como Nueva Zelanda, Inglaterra, Estados Unidos y muchos más. El virus había sido detectado veinte días antes de la vigilia, de la temporada alta, pero el silencio había propagado lo que se hablaba en términos de pandemia.

Sin saber las consecuencias, mirando escenarios de novelas futuristas y recordando mis antiguas clases de geopolítica ambiental, me siento a escribir esto, con la misma incertidumbre de los que caminamos en las calles con cubrebocas, con la similar idea que habita en la cabeza de todos ante un invisible dañino. Sin embargo, niego a sacudirme la arena de entre los dedos, a botar mis esferas de caracoles, iré directo a guardar las heridas de sombra.

Disipar la quietud como el viento disipa a las nubes. Destapar la olla que se ha reventado por dentro, comenzar, recomenzar,disipar la neblina que a todos abruma.


El chubasco, es una de las escasas palabras de fonética portuguesa que utilizamos en el castellano, las voces latinas que empezaban por pl, daban LL en castellano y CH en portugues...pluvia, lluvia, chuva... chuvasco.
Sin embargo, este que presento es otro tipo de chuvasco, es el que se sostiene con el hombro izquierdo y que se acaricia cuando se puede.


En este lugar se albergan los corazones refugiados, los que escapan o están de paso, y cada vez es más claro que este será mi último viaje a un lugar tan frecuentado, evadiendo las delicias de la noche.

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